martes, 30 de abril de 2013
DESARROLLO DE RECURSOS HUMANOS Y FORMACION EN AMERICA LATINA
Era a principios de la década de 1980 cuando, por razones académicas, profesionales y de investigación, sentí la necesidad de ordenar con claridad y precisión un par de docenas de conceptos. Todos ellos hacían referencia a aspectos relacionados con el conflicto organizacional. Creía que las dificultades que encontraba provenían de mi conocimiento insuficiente debido, probablemente, a una indagación incorrecta; por eso sobrellevaba en silencio mi indignación y me afanaba cada vez más por buscar solución a los problemas que cada día me iba planteando. Consultaba enciclopedias, diccionarios, tratados..., bases bibliográficas, tesauros, etc., pero mi ignorancia consciente, curiosamente, se iba incrementando cada vez más. El problema, en un principio limitado a conceptos relacionados con el conflicto, se extendía a otros como clima organizacional, calidad de vida, motivación y satisfacción, toma de decisiones, retribución, estrés, etc. Con gran inquietud fui comprobando cómo, independientemente de mis limitaciones, me hallaba en medio de un mar de ambigüedades: objetos que reciben distintas denominaciones, un mismo término que se refiere a realidades bien diferentes, conceptos vagamente delimitados e impropiamente utilizados. Por si ello fuera poco, mi perplejidad aumentaba al observara compañeros y colegas, muchos de ellos de reconocido prestigio profesional e investigador, utilizarlos de un modo fácil y espontáneo, como si su significación y uso fueran tan claros y definidos como cuando decimos mamá, casa o H 2 O. Poco a poco y mediante lecturas sosegadas pude ir comprobando que la situación era todavía así de confusa. Muchos conceptos comúnmente utilizados no eran en realidad conceptos científicos y los términos que los denotaban eran impropios o erróneamente utilizados. En suma, existía una extraña mezcla de ciencia, sentido común, conocimiento popular y experiencia personal. Sabía de antemano que faltaba mucho por hacer pero sólo cuando me di de bruces con una frase lewiniana comprendí el alcance de la gran desproporción entre el saber y el desconocimiento en que habría de desarrollar mi quehacer profesional e investigador: "Una ciencia es tanto más ciencia cuanto más formalizado está su lenguaje". Era evidente que el ámbito del conocimiento científico en el que me iba a desenvolver tenía un grado muy limitado de codificación del lenguaje, sobre todo si lo comparamos con otras áreas de conocimiento más estructuradas y, desde luego, muy inferior al de la matemática o la física. Con el paso de los años fui comprobando que aquella frase lapidaria no era del todo verdadera pero ya había prendido en mí una preocupación por el uso correcto de términos propios que denotan conceptos y relaciones precisas. Fue así cómo, poco a poco y tras períodos más o menos largos de aparente inactividad, se fue configurando el proyecto de este diccionario. Surgió, pues, más por necesidad que por amXXI
Fernández-Ríos, Manuel (Contribution by). Diccionario de recursos humanos: organización y dirección.
España: Ediciones Díaz de Santos, 2007. p xxxi.
http://site.ebrary.com/lib/bvunitecvirtualsp/Doc?id=10194614&ppg=21
Copyright © 2007. Ediciones Díaz de Santos. All rights reserved.
Fernández-Ríos, Manuel (Contribution by). Diccionario de recursos humanos: organización y dirección.
España: Ediciones Díaz de Santos, 2007. p xxxi.
http://site.ebrary.com/lib/bvunitecvirtualsp/Doc?id=10194614&ppg=21
Copyright © 2007. Ediciones Díaz de Santos. All rights reserved.
PREAMBULO DE LOS RECURSOS HUMANOS
Era a principios de la década de 1980 cuando, por razones académicas, profesionales y de investigación, sentí la necesidad de ordenar con claridad y precisión un par de docenas de conceptos. Todos ellos hacían referencia a aspectos relacionados con el conflicto organizacional. Creía que las dificultades que encontraba provenían de mi conocimiento insuficiente debido, probablemente, a una indagación incorrecta; por eso sobrellevaba en silencio mi indignación y me afanaba cada vez más por buscar solución a los problemas que cada día me iba planteando. Consultaba enciclopedias, diccionarios, tratados..., bases bibliográficas, tesauros, etc., pero mi ignorancia consciente, curiosamente, se iba incrementando cada vez más. El problema, en un principio limitado a conceptos relacionados con el conflicto, se extendía a otros como clima organizacional, calidad de vida, motivación y satisfacción, toma de decisiones, retribución, estrés, etc. Con gran inquietud fui comprobando cómo, independientemente de mis limitaciones, me hallaba en medio de un mar de ambigüedades: objetos que reciben distintas denominaciones, un mismo término que se refiere a realidades bien diferentes, conceptos vagamente delimitados e impropiamente utilizados. Por si ello fuera poco, mi perplejidad aumentaba al observara compañeros y colegas, muchos de ellos de reconocido prestigio profesional e investigador, utilizarlos de un modo fácil y espontáneo, como si su significación y uso fueran tan claros y definidos como cuando decimos mamá, casa o H 2 O. Poco a poco y mediante lecturas sosegadas pude ir comprobando que la situación era todavía así de confusa. Muchos conceptos comúnmente utilizados no eran en realidad conceptos científicos y los términos que los denotaban eran impropios o erróneamente utilizados. En suma, existía una extraña mezcla de ciencia, sentido común, conocimiento popular y experiencia personal. Sabía de antemano que faltaba mucho por hacer pero sólo cuando me di de bruces con una frase lewiniana comprendí el alcance de la gran desproporción entre el saber y el desconocimiento en que habría de desarrollar mi quehacer profesional e investigador: "Una ciencia es tanto más ciencia cuanto más formalizado está su lenguaje". Era evidente que el ámbito del conocimiento científico en el que me iba a desenvolver tenía un grado muy limitado de codificación del lenguaje, sobre todo si lo comparamos con otras áreas de conocimiento más estructuradas y, desde luego, muy inferior al de la matemática o la física. Con el paso de los años fui comprobando que aquella frase lapidaria no era del todo verdadera pero ya había prendido en mí una preocupación por el uso correcto de términos propios que denotan conceptos y relaciones precisas. Fue así cómo, poco a poco y tras períodos más o menos largos de aparente inactividad, se fue configurando el proyecto de este diccionario. Surgió, pues, más por necesidad que por amXXI
Fernández-Ríos, Manuel (Contribution by). Diccionario de recursos humanos: organización y dirección.
España: Ediciones Díaz de Santos, 2007. p xxxi.
http://site.ebrary.com/lib/bvunitecvirtualsp/Doc?id=10194614&ppg=21
Copyright © 2007. Ediciones Díaz de Santos. All rights reserved.
Fernández-Ríos, Manuel (Contribution by). Diccionario de recursos humanos: organización y dirección.
España: Ediciones Díaz de Santos, 2007. p xxxi.
http://site.ebrary.com/lib/bvunitecvirtualsp/Doc?id=10194614&ppg=21
Copyright © 2007. Ediciones Díaz de Santos. All rights reserved.
RECURSOS HUMANOS
Su directora, Laura Remersaro, indicó a LA REPUBLICA que al no estar centralizado, el Ministerio de Defensa requiere un trabajo mucho más exhaustivo que otras carteras. "Sucede lo mismo que con el Ministerio de Salud Pública, adonde habría que recurrir a cada hospital y policlínica para fiscalizar su gestión", indicó.
En cuanto a Economía y Finanzas, Remersaro señaló que el trabajo en áreas específicas como Contaduría y Tesorería implica una planificación y estudio que en este momento es imposible abordar con el personal asignado. "Hemos pedido 10 contadores, cuando dispongamos de ellos nos abocaremos inmediatamente a la tarea", anunció
jueves, 25 de abril de 2013
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)